lunes, 24 de noviembre de 2008

De la Perfoposesía y la Retórica, por Eduardo Chivite

De la Perfoposesía y la Retórica

Ningún otro género de la Posmodernidad se acoge mejor a la exigencias de la Retórica clásica como el perfopoema, puesto que ya en su propia inventio responde a todas las partes de la Retórica. Desde su misma “génesis” el perfopoema se codifica como una identificación entre el fondo (res o tema) y la forma (elocutio-verba), convirtiéndose en objeto argumental de sí mismo y artefacto formal en sí; mecanismo literario en esencia auto-referencial y en apariencia justo lo contrario. No carente, al tiempo, de una tensión conceptual a caballo entre la reacción-permisibilidad del canon tradicional y su autoconstrucción-presentación como

alternativa poética, extraño ejemplo de sofisma. De ahí, la relevancia que adquiere en la elección de las palabras, pues denota a la vez su des-cualidad poética y su denostación tradicional, como valores y contravalores lingüísticos implícitamente e interdependientes; así, sirvan como modelo: “chachi”, “mermelada” o “salamanquesa”; no sólo por su impropiedad lírica, sino extrañamente también por su excesividad sonora y, consiguientemente, el rechazo escrupuloso y anti-romántico de la moderna literatura “seria”.
Cabe, pues, diferenciar argumento de fabula (narratio), siendo el primero equiparable a una filosofía de fondo sobre la que se construye un discurso; y la fábula, desde una nivel de lectura aparente, aquello propio del “poema”: la anécdota, otro mensaje, la individualidad del “yo”, que pudiera creerse exento de lo performático, pese encontrarse uno y otro trabado en una compleja textura. Y es que la actio (puesta en escena), aquella parte accionista del perfopoema, como si de la quinta parte de la Retórica clásica se tratase, se vuelve en este caso fundamento poético (filosofía de fondo), siendo que, así, la naturaleza escrita del perfopoema se actualiza y llena de sentido en el recitado; la conciencia de un público y el ejercicio de lectura en alta voz son, por tanto, de estricta necesidad desde la idealización de este acto creativo. Actuando, en buena medida, como un juego de comicidad en contra de la “seriedad” del mundo literario, comicidad resultante generalmente del contraste entre la forma y la fábula, fenómeno producido sólo en la comunicación con el público. Un nuevo planteamiento literario que, desde una idea de civismo cultural, responde a la pregunta del utilitarismo literario como espectáculo reflexivo: un juego serio que parece broma, broma compartida que atenta contra los fundamentos literarios de esta tan seria modernidad literaria.

Eduardo Chivite

(Chivi, el poeta clásico).

2 comentarios:

tournesols dijo...

Me declaro número 1 del club de fans del poeta clásico!

*

Tejada dijo...

Increíble definición y justificación de la utilidad y actualidad del perfopoema como modelo literario en el presente. Chapó.

Me gustaría anotar algo que no sé si D. Eduardo ha obviado por creerlo inherente a todas las artes: la intención crítica. La intención de generar tensión intelectual en esta sociedad adormecida.